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Considerando que la profesión de docente exige de sus miembros que
tengan en cuenta una nueva jerarquía de valores en la que el bien
público esté por encima de las conveniencias personales, y que sin
dudas sus logros están a simple vista, cabe con justicia recordar y
celebrar esta gran fecha del calendario escolar, “Día del Maestro”.
El 06 de julio pone a un pueblo educado que es capaz de escoger a
sus mejores ciudadanos para representarlo y administrarlo, para
propiciar y alentar el cambio que persigue. Actualmente, la Reforma
Educativa da sus frutos no solo en la transmisión de conocimientos,
sino en la prédica con el ejemplo.

Este pueblo instruido, educado hace al país y es el único que
fortalece y consolida el régimen democrático. La labor de los
educadores es, asimismo, esencial para el apuntalamiento económico.
Esto fue demostrado innumerablemente veces en varios países del
mundo. Los florecimientos tecnológicos en Taiwán o en la India no se
han producido por casualidad, sino por su dedicación plena a
respaldar el fortalecimiento de sus instituciones educativas,
orientadas hacia un único objetivo: el bien colectivo.
Como la responsabilidad apunta a ese fin, está en manos de los
docentes en general servir a los más altos ideales de la República,
impulsando el cambio. Los maestros forman a los ciudadanos y
gobernantes del mañana, que están destinados a enfrentar desafíos
cada vez mayores de los tiempos venideros.
A todo esto es importante añadir que el rol del docente en el siglo
XXI seguirá siendo indispensable para enseñar a aprender la ciencia,
enseñar a gestionar estratégicamente los conocimientos científicos,
enseñar a ser ciudadanos moral y éticamente comprometidos con los
conocimientos que transmite y con la realidad social en la cual
convive con los estudiantes. Este “día” lleva a reflexionar acerca
de que ser maestro no solo implica conocer técnicas pedagógicas,
sino sobre todo tener vocación para vivenciar en la propia
existencia y en los estudiantes principios y valores superiores
dignificantes de la condición humana.
Ser profesor es producir y enseñar un saber al tiempo que se
profesa; es decir, que se promete asumir un compromiso y una
responsabilidad que no se agotan en el acto de saber, de investigar
o de enseñar.
La gama de compromisos de los profesores es tan grande como sus
almas mismas. Todos los días, como todos los años, hace patria con
la más sagrada profesión, la de ser maestros y maestras, verdaderos
apóstoles de la educación.
En el marco de estas reflexiones, queremos homenajear a todos los
maestros, a los que trazaron el camino hasta este punto y a los que
hoy, día a a día, construyen solidariamente el futuro, al servicio
de las nuevas generaciones.


Oficina de Imagen Institucional UGEL 03
Martes 06 de julio del 2010
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